miércoles, 4 de septiembre de 2013

La decepcionante soga

Cuando me enteré de la noticia me sentí decepcionada.
Ese hombre me robó once años de mi vida y pensé que lo justo sería que él perdiese el doble, 11 por igualar, y otros 11 por las secuelas.
Pero no.
Ariel Castro ha decidido suicidarse como un cobarde. La excusa, probablemente lo que dijo en el juicio: "No soy un monstruo, estoy enfermo". Me cuesta pensar que no ha habido tiempo en pedir ayuda. Es mejor destrozarle la vida a 3 muchachas. Espero por todos los medios, que el comportamiento esté en la educación porque además has dejado en el mundo una criatura a la que no sé si jamás podré contarle la verdad. Pensaba consultarlo más adelante. Pero has durado menos de lo que has alargado la pesadilla. Porque cuando la pesadilla la vive uno, hay que tenerlos bien grandes para aguantar. La diferencia entre querer vivir y querer morir, es nuestra conciencia. Y tu, debías tenerla bien intranquila. Pero debías haber esperado a que la decepcionante soga, la hubiera comprendido todo el mundo, incluido tu hijo.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Sigue sonando

La radio sigue sonando.
Las noticias se siguen sucediendo.
Y nuestra cabeza, que nunca desconecta, planea nuevas formas de que nunca se acabe el sonido.
Si no es la radio será la música, y si no es ninguna de las dos, habrá que inventarlo.
Porque conozco gente que no sabe si podrá hacer otra cosa.
No vamos a tener pensión.
Somos de esta generación que llaman perdida. Tardamos en cotizar, y total, para nada, porque sabemos que viviremos de alquiler, nuestros padres, serán abuelos y padres de nuevo, y moriremos trabajando.
No sé cuál será, pero moriremos.
Y yo quiero que sea haciendo algo que me quite la vida porque no he podido parar de disfrutar. Mientras pienso cómo será, nunca apago la radio.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Pisando el charco

Hoy, Emilio Cortés, catedrático de derecho penal de la Universidad de Extremadura, al que le tenemos mucho cariño, sobre todo por trabajar en vacaciones, y tener respuestas para todo, ha dicho que "es difícil pasar por la vida sin pisar un charco penal". Y tiene razón. Es difícil pasar por la vida en general sin que algo te sobrepase, sin actuar sin sentido, a la deriva, sin reflexionar y dejando que sean las casualidades las que decidan el curso de los hechos.

El problema, es que sin delito, pasamos por esa vida sin abogados que nos aconsejen o que nos protejan. Y a pesar de que en los momentos críticos, todo el mundo parecen ser consejeros, los mejores consejos al final son  los que te das a ti mismo.

Las decisiones, sobre las que luego hay que responder toda la vida, son las que te llenan la mochila y te dejan marcas, te dejan heridas, y le dan sentido de una manera, al camino que toma tu vida.

Los momentos críticos son hacen crecer, o cometer delitos. Las decisiones, mal tomadas o no, son la cara a la que tenemos que mirar de frente. Nuestro destino en realidad, está escrito, lo escribamos nosotros o lo escriban otros.

"Es difícil pasar por la vida sin pisar un charco penal". Pero podemos limpiarnos de los charcos. Podemos usar los argumentos que queramos, pero si pisas el charco, solo te va a definir la forma en que sales de él. Y nadie es peor persona que tú mismo, y tu manera de juzgarlo.

miércoles, 17 de julio de 2013

El Otro Don Juan

Es verdad Ángel de Amor.
Desde esta apartada orilla, con la miopía y la distancia,
la luna brilla pero apenas como una cutícula de uña recién mordida.
Se respira por instinto, por sentido común.

El agua limpia y serena del río, está en calma no por perder el temor
sino porque no hay barca de ningún pescador que lo cruce.

Canta todo el día
y se pregunta
¿no es verdad, gacela mía,
que están respirando amor?


No lo sé ya, querido Don Juan
mira este corazón traidor
que rendirse no creía,
adorando, vida mía,
la esclavitud de tu amor.

martes, 14 de mayo de 2013

Ojo avizor

Adrián dice que el amor no se busca. El amor te pasa. Y cuando me miró a los ojos pareció encontrarlo. Empezó a gritar con su acento argentino:
- Che! Esto que te está pasando es maravilloso.
Me dijo que a veces piensa en la gente que deja este mundo sin haber amado.
Nada dice de ser amado.
En mi caso es algo que he dejado de darle respuesta. Yo creo más en los actos que en las sensaciones. Las sensaciones siempre se las dejo a la literatura y a la letra de las canciones que componemos. Es ahí donde tienen magia. En el resto, las palabras solo son un discurso vacío si no acompañan tus pasos.
Yo estoy enamorada. Y no me importa reconocerlo. Y lo sé porque nunca he estado sobre lo mismo tanto tiempo. He vivido la obsesión, el cariño, el afecto, el aprecio, el capricho, la amistad, y creerme,  se diferenciarlo ahora. Y Adrián lo ha cazado en mis ojos. Me insiste:
- No tengas miedo, si es de verdad, espéralo, pero no mucho.
Sin embargo en esa espera últimamente solo lloro. Y quiero dejar de llorar. Claro que a día de hoy dejar de llorar significa más haberle perdido.
Poco más creo que hace falta en esta vida que un amor seguro, pero seguro solo tenemos nuestras sensaciones, y si no las hacemos caso, y yo las llevo a la literatura, entonces solo queda una de las cosas que dijo Adrián.
-Esperemos que no sea tonto.

lunes, 6 de mayo de 2013

El límite del final

Corría una brisa en el límite entre el frío y la normalidad. John se había subido la cremallera del forro polar antes de sentir el frío en las mejillas. Se sentó en la piedra de todos los días. Una piedra encima de las cuevas que escupían la orilla de la playa de piedras.

En sus manos desdobló el diminuto papel arrugado con la nota de Mary. Sólo la luna iluminaba las letras en cursiva. Era de noche, invierno en el Cabo de Gata, y la luna estaba más gorda que nunca, como si tuviese los ojos abiertos como platos para poder leer.

John ya sabía el porqué de esa nota. Mary solía tender a decir las cosas con la música y la literatura. Esta vez eligió los versos de un libro que hacia unos años John le había recomendado. Siempre le advertía de que todo estaba inventado.

"Nunca vas a sentirte diferente a alguien que ya sintió lo mismo y además lo escribió" - le decía Mary.

En el fondo John siempre pensó que Mary le reprochaba su amor. Ella quería que fuera perfecto. El sencillamente no sabía quien era. Y allí tenía esas líneas de aquel libro, que contenía sin saber, el resumen de su historia:

" No estas viendo,
que al quererte como loca,
desde el alma hasta la boca,
Se me vuelca el corazón."

No era una pregunta, al menos no en el texto. Quizá allí arriba se daba en cuenta entonces que si tampoco fue capaz de precisar lo que Mary podía querer decir, entonces no la conocía tanto.

Fueron tres años. Dos de ellos negando que sus corazones no podían vivir solos. Pero en aquella playa a veces la soledad encontrada en los parajes naturales parecen ser suficientes.

Mary tenía una parte de su independencia apegada a la vida de John. Se encontró con sus ojos más tarde que ella, y sin saber muy bien lo que hacía, decidió cerrarlos para olvidarse de un mundo al que le tenía miedo. Con Mary aprendió a vivir al límite el amor. Y Mary aprendió otra forma de vivir, que siempre sintió ajena a lo que pensaba que podría ser. Jamás intento cambiar a John, se enamoró de el al mismo tiempo que el se dejaba enamorar. Porque ese era el problema. Nunca supo si era amor, o el acto reflejo de corresponder a alguien que se lo merece más que nadie.

La otra opción era estar sólo. Subirse a una piedra todos los días encontrando una respuesta de cual es el siguiente destino. Mary buscaba en los ojos de John. John buscaba en un horizonte. Una fina línea de lo inalcanzable. Se alejaba de Mary. 

Le amaba desde el alma hasta la boca. Siempre lo supo. Y ahora arrugaba la nota en cursiva de Mary, pensando en sí debió escribir lo él le dijo a ella, para que pudiera entenderlo en el futuro:

" Lo justo de rehacer una vida...
Es haberla perdido una vez.
Espero que esto duela suficiente,
Para poder besarnos de nuevo, desde el alma hasta la boca."

miércoles, 13 de febrero de 2013

Día Internacional de la radio

Hoy es el día de la radio. Su día a día ha hecho que casi pase desapercibido. Nosotros hacemos radio cada día como sí fuese el último. Es un medio del que estoy enamorada. Un amor, que si acabase, tendría sencillamente que acostumbrarme a estar sin el. Pero no lo superaría.

La radio nos permite obligarnos a plantearnos cosas, a buscar todas las partes implicadas, a unir opiniones, unir personas, hacer audible lo que no se escucha todos los días, se aprende, se forma, se llora, se ríe. No te exige grandes cosas. No te pide máxima atención, aunque irremediablemente capte tu atención porque siempre tuvo ese encanto.

Los que la hacemos simplemente la amamos. No se sí podríamos sentirnos igual con otra cosa. La radio son muchas horas, en el aire o en el suelo. Muchas llamadas, muchas personas, muchas historias, muchos paseos, intentas ganarte la confianza de anónimo a anónimo.

El trabajo de una hora se esfuma  los 5 minutos. En 5 minutos debes contarle al mundo el problema de días, la vida de años, la situación de siglos. Y descubres que se puede. Cuando eso pasa y no sabes como, recurres a la palabra magia. La magia no es más que la conexión entre la historia, el que la escribe, el que la cuenta, y el que la escucha.

Une a muchas personas. Y por lo visto es el medio donde hay más confianza depositada. No deberíamos conformarnos, ni defraudar. Debemos arriesgarnos, exigir la verdad, y si no la sabemos la verdad de cada uno.

A mi la radio me atrapó desde muy pequeña. A veces no quiero ver la realidad, pero si cierro los ojos, la escucho perfectamente. Me siento afortunada de poder ser un trozo de lo que te importa. Merecen 12 horas de trabajo, si al menos una persona ha compartido un momento con la radio.

Feliz día de la radio.

Y que la radio te haga feliz.