viernes, 5 de agosto de 2011

La Medina


Se acumula la suciedad en lo que no son esquinas.
Se acumula la mierda en mitad de la vida.
Las moscas bailan alrededor del hojaldre y de la carne que hay hoy para comer.
Un niño te vende un collar sin saber ni él mismo cuánto vale.
Vale lo que sus ojos te piden.
Un trozo de pan, un trago de cocacola, una sonrisa cuando gritan Real Madrid, aunque seamos rivales. 200 dirhams, 20 ó 10... realmente no le interesan los números, sino lo que puede comprar con ellos.
La medina acumula pobreza, mal olor, fuego en la cara, y piel seca.
Y odio decirlo, pero es bastante deprimente que te preocupe si el bolso de cuero que compraste ayer combina con tus zapatos de las rebajas de Zara.
Podrías compartir mi odio, y odiarte a ti misma. O al menos sentir vergüenza, porque francamente, eso de allí es otro mundo, y no creo que sepa que el naranja no combina con el rosa.
Pero claro, no nos podemos sentir mal todo el tiempo.
Por eso el otro lado de la muralla parece normal.
O los que no conocéis la pobreza llamáis con ese nombre.
Compra ese collar que te combine con el bolso y verás que ese niño tiene un trozo más de pan para rellenar la camiseta que combina con el resto de los rincones de la ciudad, sucia, gris y rojiza.

Foto: Rafael Noe

lunes, 18 de julio de 2011

Tengo un minuto

Tengo un minuto, para reflexionar libremente.
Bajo esta presión casi no puedo pensar cómo usarlo.
En un minuto podría desechar todas las cosas que me hacen daño,
escuchar unas palabras que aunque duelen, sean ciertas,
e ir dejando migas de pan por el camino,
para que los que me sigan detrás,
sepan el camino correcto desde un principio.
A mí me enseñaron algunas cosas,
y debo aspirar a que, por poco que sea,
otros aprendan de mí.
O que sonrían.
Un minuto es suficiente para sonreír.

jueves, 14 de julio de 2011

Hablemos del tiempo

Durante un segundo, el tiempo se para a escuchar los murmullos que hablan sobre él.
Y la decepción que le provoca tu corazón, que suena por encima de mis palabras.
No puede escuchar lo que te digo al oído. Y menos cuando son mis poros los que hablan a tu piel.
Precisamente inventamos ese lenguaje para que el silencio no pudiera meterse en nuestros asuntos del alma. Y que el tiempo no pudiera ser cómplice del silencio, ni de nuestras palabras de amor.
Mis lágrimas son su única pista de que algo no va como debería. Y aún así no se acerca a descifrar si es alegría o tristeza, cuando el sol vuelve a salir por la rendija del hueco en la ventana al día siguiente.
No entiende el tiempo, que aunque corra más deprisa, como las arritmias de tu corazón, no consigue que hablemos más deprisa, ni más alto. Ni de ninguna otra manera a como lo hacemos ahora. Hablando del tiempo, breve, intenso, estático en los momentos en que mis ojos creen entender lo que les dicen a los míos.
El tiempo espera impaciente, a que hablemos del tiempo, y de los besos que nos damos en ese momento récord. Pero los besos son algo de lo que el tiempo no entiende.

lunes, 11 de julio de 2011

Un libro pequeño

Me encantan los libros delgados. No discrimino 500 páginas. Pero me gusta más agarrar con firmeza uno de 140. Casi nos podemos creer que en muchas menos hojas nos van a contar mucho más, que el autor no tendrá tanto espacio para divagar, y que además le hará un favor a la naturaleza, no desperdiciando tantas hojas para tan a veces dudosa calidad.
Me canso de bestsellers y de historias repetitivas, de análisis sin visión, y de experiencias personales demasiado generalizadas. Puede que me sienta atraída por la delgadez de una hoja, en mi ilusión a que los libros pequeños, tengan mucho más que aportar, y menos tiempo que ocuparme, para que lo bueno se genere rápido, y lo malo se acabe con la misma agilidad.

jueves, 23 de junio de 2011

cinco metros

Anduve cien veces por el mismo camino.
Desde que lo encontré supe que iba a ser mi lugar para estar sola.
Para llorar y que mis lágrimas golpeasen el mar.
Para alegrarme sin respeto del fracaso del que se me cruzase.
Para mojar mis pies y congelarme al instante.
Para mirar a un sol que no me cegaba.
Y en definitiva para pensar.
Para escuchar.
Y dejar de hablar.
Solo caminar cinco metros, de esquina a esquina, en una orilla, apartando la escarcha, en una playa nublada.
El sitio perfecto para poder mirar las nubes y reflexionar desde una mente despejada.

miércoles, 22 de junio de 2011

Largo es el necio



Larga es la noche para el que yace despierto; larga es la milla para el que va cansado; larga es la vida para el necio que no conoce la verdadera ley.

martes, 21 de junio de 2011

Un beso en el aire



Un conductor de metro ha lanzado un beso a la señora de la mopa que se paseaba de esquina a esquina limpiando los andenes que nunca descansan de las pisadas de nosotros, los viajeros.

El día probablemente desde ese momento me ha parecido entrañable, a pesar de que muchas cosas puedan estropearlo.

No obstante tengo varios recuerdos que me sirven de excusa para devolverme a mí misma la sonrisa.

Hoy hace un calor sofocante, no corre el aire, cuando lo hace es como un azote de fuego, pero gracias a mis recuerdos, me remonto a primera hora de la mañana: 7:45 y miro a la derecha para encender la luz.

Y veo a un mini Michael con boquita de pichón, que le da un soplo de aire fresco al día, y me apropio de los besos en el aire que vinieron a continuación, porque oye, a mí también me hacían falta, y sé que de haber estado Michael en un tren, él también me los habría lanzado.