viernes, 11 de mayo de 2012

Recomendación del libro Farenheit 451



Una labor de Belén Díaz y Bárbara Archilla

viernes, 27 de abril de 2012

Lágrimas de ayer

Unas lágrimas secas encontré en mi bolsillo.
Las miré durante un tiempo suficiente, para arrepentirme de haberlas recogido.
No debían estar aquí.
Pensé haberme deshecho de las lágrimas que realmente no merecían haber conocido el mundo.
Inofensivas e indefensas.
Derramadas demasiado tiempo y en vano.
En un paraíso extraño que aún no comprendían.
Trajeron de nuevo el miedo y la duda.
Las oportunidades de los errores repensados.
Y el riesgo de volver a equivocarnos.
Aunque las lágrimas secas se parten en trozos cuando salen de nuevo.
Ya nunca se llora igual cuando parecen oler el mismo plato.
De vez en cuando guardo las lágrimas, para encontrarlas en los bolsillos.
En otro momento.
Con otro humor.
Y otra fuerza.

Las miré durante un tiempo suficiente, decía.
Al arrepentirme hice lo correcto.
Las tiré por detrás de mis pasos.

No quisiera andar de nuevo por lágrimas quebradas.
Quizá en otro momento.
Con otro humor.
Y otra fuerza.

sábado, 21 de abril de 2012

El Humor y la Risa

La risa es terapéutica. La necesidad de reírse nos viene del sufrimiento y la tragedia.
Tres humoristas: Quique Macías, Juan Solo y Moncho Borrajo, hacen una reflexión sobre el arte de hacer reír.
Verónica Macedo, una payasa terapéutica, nos cuenta cómo es el trabajo de hacer reír y olvidar a un niño.

martes, 10 de abril de 2012

Body, Mind and Soul

No quiero hablar por mí. Le cedo la palabra a mi cuerpo.
Siempre he pensado que él hablaba mejor.
Desde pequeña he fruncido el ceño, ahora me da el sol, y se me quedan esas rayitas sin teñir.
También he saltado de rabia por no poder atarme los cordones como una niña normal.
He girado sobre mí misma si algo me gustaba.
Y he escupido lo que no.
He llorado para lo bueno, y para lo malo.
Sí, también he llorado con esas películas malas que tienes en tu cabeza.
Y con más cosas que no voy a reconocer.
He levantado la mano para reconocer mi sabiduría.
Y mi ignorancia también.
Cuando empecé a sentir amor, no me hizo falta verbalizarlo.
Cuando encontré en el baile una forma de expresión, me dejé la piel en el terreno. Literalmente.

Pero entonces dejé el cuerpo por la voz.
Empecé a cantar. El Blues en Jam Session en la ciudad noruega de Bergen, me llevaron al Gospel en Madrid.

Y de la canción, a la parte más sublime de la voz: la palabra.

He dejado al cuerpo encerrado en una pecera de radio.

Pero es tan impetuoso que está llevando más lejos de lo que yo pensaba las palabras, la voz.

Cuerpo, mente y alma. Empujan muy fuerte a las palabras. Que hablaron desde hace algunos años aquí, en este blog por encima del arcoiris.

sábado, 17 de marzo de 2012

Como una Tarantella


Si tuviera que describir lo que sentí por dentro, diría fue como el sonido de una tarantella. Vibrante, rítmica y apasionada.
Perseguí tus ojos aquella tarde y no creas que no me dí cuenta.
Los tuyos también me perseguían.
Dando tregua solo en el horizonte detrás de mí.

Seguramente vigilabas todos mis movimientos, y repasabas la caída del pelo ondulado hasta visualizar la transparencia de mi camisa. Aprovechabas mi respiración profunda para ver el único movimiento insinuante que pude hacer esa tarde.

Sacaste muchas conclusiones de mí. Todas equivocadas. Y he de reconocer que si tengo la oportunidad de sorprenderte, se me abriría una sonrisa de oreja a oreja.

Parece mentira la vida, lo poco disimulada que es. Va dejando detalles que recoger. Momentos que disfrutar y miradas que interpretar.

Me gustaría algún día, que las miradas se tradujesen en besos. Así los ojos podrían descansar de tanta intensidad.

jueves, 15 de marzo de 2012

La SinVergüenza


Me dijo que perdió la verguenza hace escasos dos años.

Cuando le partieron el corazón siendo la niña más buena del mundo.
"De nada sirve la verguenza si al final acabas en una laguna de agua fría"
Así que me dijo que se puso un vestido de lino negro, sin combinación. Se adivinaba su silueta a contraluz. Dejó de retocarse las puntas, salía de casa con el pelo húmedo, dejándolo al antojo del viento.
Me dijo que sustituyó el rosa por los labios carmín, se pintaba los ojos negro azabache, inventaba lunares presuntuosos donde no los tenía.
Me dijo que nunca se dejaría nada sin decir. "Preferiría ser vapuleada por algo que dije, que ser la chica fantástica por algo que no saben"
Llevaría el pelo expuesto a confusiones de tribus urbanas, libre albedrío para que los demás la encasillasen donde sabía que no encajaba. "Me encanta notar la incertidumbre de aquellos que me miran"
No llamaría la atención por su comportamiento, pero haría lo posible porque su aspecto fuera el perfecto insulto para los círculos cerrados.
"Aunque hablan mal, no dejan de hablar"
Me dijo que su labor sería no pasar desapercibida.
Nunca diría grandes mentiras, pero sí medias verdades. Adoptaría la personalidad que le hiciera falta en cada momento, vestiría de gala cuando sosteniese una copa de cava, pero se acostaría desnuda debajo del edredón.
Juró no comprometerse con nadie que no le cubriese de besos el cuerpo, sin desechar ninguna parte.
Me dijo que se sentía bien. Se describió como natural y no morbosa. "Aunque los demás prefieren llamar morbo a lo que ellos no son capaces de describir sin rubor"
Me dijo que perdió la verguenza porque aún conserva la inocencia "y con una de mis niñerías intactas, es un lujo que me puedo permitir".

martes, 6 de marzo de 2012

Queda una luz en el cielo


Joel camina por la vía del tren.

Una noche seca y fría le acompaña.

Su cabeza le pica y no puede parar de rascarse, el desconcierto acompaña su gesto.

¿Cómo pudo perder ese tren?


Lo cierto es que no era la primera vez que sus pasos lentos no le llevaron a su destino.
Pero espera, ¿destino? si sus pasos no le acompañaron sería imposible que su destino se hubiese escapado.


Leonardo Da Vinci le decía a sus pupilos que al destino había que echarle una mano.

¿Y si le echas piedras?

¿Podría enfadarse el destino?

¿Podría alguien ser tan estúpido de faltar al respeto al destino, y perderle para siempre?
Joel se sentía mal aquella noche, balanceándose por la fina línea de las vías, el crujir de las maderas, y el silencio sepulcral de una vía sin parada.


Ahora él esperaba el tren que perdió.


Con el miedo de que el destino le perdonase y no le tuviera preparado un tren ingrato.
A pesar de ello, esperaba en silencio, con algunas lágrimas sobre las mejillas.
El ser humano tiene algo maravilloso que va después del uso de razón: el arrepentimiento.
Podemos arrepentirnos. Podemos errar y arrepentirnos.


Un tren lejano hace vibrar las vías, Joel se aparta. Observa el cielo. Fuerza la vista y ve una estrella. Parece que queda una luz en el cielo.


El ser humano se arrepiente de sus errores. ¿Pero pueden otros seres humanos perdonarnos? Las estrellas y los trenes al menos parecen poder hacerlo.


Photo by: Bibliosity Blogspot