jueves, 2 de junio de 2011

Aire e insinuación


Me calcé unos zapatos que no me identificaban. Aguanté con ellos mucho tiempo. Más del que hubiera deseado. Pero claro, estaba monísima, interesantísima, y brillaba como una estrella. Cuando me lo permitían.
Porque a veces el dolor me hacía cambiar el gesto, y no hay peor mal que un dolor de pies. A mí empezó a dolerme todo. La espalda, la cadera, la cintura, la cabeza...
Y la paciencia. Sobre todo ella. Tan frágil y tan blanca, llena de aire e insinuación.

Los zapatos me estaban cambiando la paciencia, o vete a saber si fue la madurez que hay en el fondo de una adolescente haciéndose mujer. Que sabe por dónde sacar todo su potencial sin necesidad de esos zapatos que en ocasiones no hay derecho ni deber de aguantarlos.

Después de una charla con el silencio, intensa, que por momentos casi me gana, tome la decisión que entre dolor y alma de las cosas bien hechas, llegó a una conclusión, de la que hoy no, pero mañana estaré orgullosa.

Porque reconozco, que aunque no siempre me haga caso, en muchas cosas tengo razón. Y ayer ví que tenía el cabello más bonito que los pies.

Imagen: Alejandra Abellán

martes, 17 de mayo de 2011

Poder y flaqueza

Le caía el pelo sobre los hombros.
Más ondulado que liso.
Se tapaba el rostro adrede. Hoy no le apetecía saludar al mundo. Pocas veces hablaba con él directamente. Prefería la reflexión y las líneas desiguales de un cuaderno de hojas blancas.
Pasaba las hojas demasiado rápido.
Tan rápido como lo que había vivido.
Tiene 19 años, mañana tendrá 20. Y a pesar de ello su mirada refleja la tristeza de un alma encerrada en un mundo demasiado pequeño, demasiado agresivo, y poco conmovedor.
Disimulaba su desdicha con un vestido negro de flores rosas, unas botas viejas con los cordones desabrochados, y una fina chaqueta, con algún agujero escondido por el paso del tiempo.
Un tiempo que ella permaneció escondida en falsas sábanas de seda, encerrada en la mente de hombres que sujetaban su carne trémula.
Porque la carne no disimula su inseguridad. El alcohol le hizo flaquear en ocasiones. Levantarse sin acordarse si acaso usó un condón, y sin saber el punto exacto de la ciudad donde estaba para partir de nuevo a su casa.
Lo que quizá nadie le pudo arrebatar nunca es su lectura, y la visión del mundo cuando estaba sobria. Nunca escribía aquello que pensaba porque su alma ebria llenaba los renglones de angustia y brillante esperanza que despierta era incapaz de creer.
Esa chica era la persona más inteligente que he conocido.
Un imán de poder sexual, víctima del mundo pequeño donde no cabe, y la flaqueza de la cafeína, la nicotina, y solo Dios sabe cuántas cosas más.
De ojos profundos, en los que apenas se ve nada. Pero un cuaderno, lleno del alter ego que mucha gente no saca.
Porque la lucha entre el poder y la flaqueza, puede destruir la ejecución de un alma prodigiosa.

viernes, 13 de mayo de 2011

Las notas y un mechero


Quiero quemar con mi mechero unos papeles donde alguien había escrito algo relacionado con meditar antes de actuar o con pensar en las consecuencias de implicarse en cualquier historia más de la cuenta.
Creo que el que escribió esas notas no estaba disfrutando al cien por cien de lo que podría tener delante. Aunque solo fueran unos minutos, los perdió escribiendo lo que sería un mensaje de autoconvicción.
Y quiero quemarlos para que de verdad dejen de existir, porque la gente los va leyendo por ahí y creando sus propias ideas a base de las palabras de otros.
Mezclando mensajes de la locura de unos con la cordura de otros, y están creando una papilla de confusión y de críticas que pueden llegar a molestarme.
Yo sé que a la gente le molesta que me sostenga con un simple hilo transparente, un mp4 y un billete de 20 en el bolso. Pero eso es lo que yo necesito cuando voy andando, eso y unas gafas, bien elegidas entre las 5 que tengo, porque yo no llevo notitas que me van diciendo lo que tengo que hacer, bien o mal, en cada momento.
Yo tengo mis ojos, mi intuición, y mi propio cuerpo, que le demanda acción al cerebro.
Asique sí, no fumo, y efectivamente:
El mechero que llevo en el bolso, más que para el incienso de mi casa, es para quemar las dichosas notas que cortan las alas.

viernes, 6 de mayo de 2011

Soberana Intuición

Dos dedos sostienen un cigarro meditado.
Y los oídos alteran el ruido de fondo.
Los ojos se entregan al descanso.
El olfato retiene el olor del sándalo en la piel.
Y la boca traduce lo que la soberana intuición piensa de ese momento.
Y justo así, se convirtió en mágico.

jueves, 28 de abril de 2011

Entre piedras con suela blanda


Un rayo de sol se ha colado por el cristal de la habitación.
Ni me he inmutado porque hace tiempo que duermo con la persiana levantada.
Me gusta que las mañanas me levanten por sí solas, pero cada día convivo mejor con el mundo.
Ni el sol me levanta, ni las piedras me hieren sobre la suela blanda de mis zapatos.
Ya no busco el sonido de las calles, porque prefiero vivir en mi personal sonido de trompetas y tambores.
Hace tres años me llamaron soñadora con ironía. Pero este mundo no está como para tomárselo demasiado en serio, al final por unas cosas o por otras nunca nadie es quien dice ser.
Con el tiempo encuentro que ni yo misma soy quien pensaba ser.
No importa. No soy yo quien tiene que hablar de mí misma.
Una vez, bajo las duras palabras de un catastrófico Ivan Ferreiro, me rompieron el corazón, y desde entonces he roto algunos, he ninguneado y sobre todo, he intentado permanecer fuerte en un mundo que juzga más que duerme. Y que finge más que sueña.
Bajo el piano de Rufus he convertido las experiencias en cuentos con moraleja. La guitarra de Mayer le puso el sol a los inviernos escandinavos.
Y en este teatro del que soy protagonista, han bajado un telón opaco, donde el sol ya no puede colarse en la habitación.
Me he llevado unas piedras, para seguir pisando sobre suela blanda. De alguna manera el dolor es necesario para hacerse más fuerte. Y la insistencia tiene que servir de algo en una vida valiosa, donde siempre pasa lo mismo.

martes, 19 de abril de 2011

Solo es feliz en el sol

Comienza una canción de Ben Harper diciendo que ella sólo es feliz en el sol.
Ben debió ser la noche para ella.
Como la historia de muchas vidas, que viven entre el día y la noche.
Cuando el momento no llega nunca.
Ella esperaba que el hombre que había escogido en su corazón pudiera darle la luz que buscaba, porque ella sólo es feliz en el sol. Y la luna no le alumbraba suficiente.
Supongo que al final, ella se fue a buscar a otra parte, aunque pasó mucho tiempo.
Y cuando por fin parecía ser libre, la voz nocturna irrumpía de nuevo, dando por hecho que ella solo podría ser feliz en el sol.
Le perdió queriéndole. Verle feliz le hacía llorar a aquel hombre.
Y al final, el silencio le puso fin a esa canción.
Cuando se hizo de día.

lunes, 4 de abril de 2011

El amor al revés

Arde Roma.
El amor está apagado.
Los cimientos se resienten como si el seísmo nipón hubiera llegado aquí también.
Son los efectos de la globalización.
Los de luego la llamo o la escribo un whatssup... porque para eso tenemos esas moderneces. Para perder las buenas costumbres.
Por si la pachorra era insuficiente.
Y un "What the fuck" saliendo de mi boca,
con lágrimas que colman un vaso que ya estaba medio lleno, porque ellas lo veían medio vacío.
En mi mundo, ese que construí bajo efectos de la dulce droga, hacíamos las cosas de manera casi instintiva.
No confirmábamos los estados del caralibro para saber que alguien estaba triste, ni los "smilies" del msn para saber que estaba contento.
Bastaba con una simple complicidad natural, y lo que antes llamábamos amor, y que ahora o se confunde o cuesta tanto verlo venir.
Hoy ha sido un día lleno de ambulancias y coches de bomberos.
Quizá se van a Roma.
El amor ya está apagado en este rincón.