viernes, 1 de junio de 2012

Confieso que eliminé una vida


Sí. Lo confieso. Y no. No me siento orgullosa. Tampoco avergonzada. No les voy a engañar. Soy muy mayor ya para este tipo de juegos.
Me llamo Bonnie. Sí, como los asesinos Bonnie y Clyde. Irónico ¿verdad?
Tengo ya muchos años. Sería insultante precisar exactamente cuantos, digamos que los suficientes para que me haya ganado una muerte de cáncer de pulmón.
He fumado mucho todos estos años. Al final todo estaba escrito. Fumo mucho, duermo poco. Se podría decir que la conciencia nerviosa me persigue.
Pero no me arrepiento. Confieso que he matado. He quitado a alguien de este mundo. Le he eliminado por completo. Como el humo del cigarro. Pueden entenderlo como quieran, al final el resultado es que hay una persona menos en el mundo.
No valía la pena lamentarse. Quería morir. Ni siquiera considero que estuviese vivo antes de llegar yo.
Ciertas personas piden a gritos acabar con toda esta parafernalia que es la vida.
Tommy buscaba la muerte como un caribeño agua en el desierto.
Nunca supo qué hacer. Nunca supo adónde ir. Y bueno, esto tampoco lo tomen al pie de la letra pero... nunca supo amarme.
Y eso es lo que pasa. Uno no sabe nada de nada. No aporta nada. Y yo era más feliz con su muerte. Al fin y al cabo, les vuelvo a repetir. Estaba practicamente muerto.
Confieso que eliminé una vida. Y con ella quité muchos problemas, incertidumbre, contaminación.
Soy fría en mis palabras lo sé. Nunca he sabido ser de otra manera. Cuando conocí a Tommy le amé tanto que sabía que cuando ya no pudiéramos estar juntos, tendría que matarle para quedarme tranquila.
A fin de cuentas, el tabaco estaba perdiendo su función.
Apagué el cigarrillo y lo sustituí por un revolver.
Al menos Tommy iba a tener una muerte rápida.
Eso sí. Hicimos el amor antes. Como el primer día.
Palpó la pistola entre mis muslos. Y no sé qué penso, pero sonrió.
Yo le devolví la sonrisa.
Su aprobación.
"Bonnie, dónde has estado todo este tiempo"
Confieso que le maté.
Pero murió con una sonrisa.
La primera de toda su vida.

domingo, 13 de mayo de 2012

Cuestión de altura

- Desde aquí arriba he visto todo con perspectiva, James.
- ¿De qué hablas John?
- Hablo del mundo, del orden y el desorden. Desde aquí todo es pequeño, nimio y efímero.
- No te acostumbres, luego tendrás que bajar.
- Puede ser. Quizá baje el cuerpo, pero creeme, el espíritu se queda. Debemos aprender siempre algo de todo esto. Mira esa gente, andan directos hacia algo, ajenos a lo que construimos aquí. No tienen ni idea sobre el vértigo o sobre el peligro. Y a nosotros nadie nos ha preguntado si nos gustaba pero aquí estamos los que somos. Los mejores. Y los adecuados James. Somos los elegidos.
- Empiezan a preocuparme tus delirios a estas alturas.
- Es perfecto James, es realmente perfecto. El mundo va a una velocidad, y aquí arriba ni siquiera estoy seguro que la forma de medir la velocidad sea posible. El silencio y el viento hablan por sí solos. Estamos haciendo algo grande James, y alguien allí abajo quizás haga algo grande, pero seguro que no con tanta perspectiva. Estamos aquí por algo. Seguro que Dios crecía con esa idea. Desde aquí el mundo parece caber en una mano, y cuando soñamos adoptamos esa actitud de estar en las nubes.
- Sí, chico, y será mejor que te bajes inmediatamente de esa nube. Somos obreros, apenas nadie. Te llamas John, vives en New Jersey, te apellidas como el 70% de la población, y cuando termines esto, nadie recordará siquiera que exististe.
- Te equivocas James. Ese señor nos está fotografiando, y no sé dónde llegarán las fotos. Pero estoy seguro de que si sonríes y pones cara de estar haciendo algo importante, la huella que dejes será mayor. Es cuestión de actitud, de sueños o, no sé, puede que de altura.


Recomendación de The Sunset Limited

Otra recomendación de Belén Díaz y mía de un proyecto para el master que pretende dar a conocer obras maestras a quienes no son muy amigos de los libros.

Una obra que contrapone dos visiones distintas de la realidad, y dos vocaciones contrarias: vivir y morir.


viernes, 11 de mayo de 2012

Recomendación del libro Farenheit 451



Una labor de Belén Díaz y Bárbara Archilla

viernes, 27 de abril de 2012

Lágrimas de ayer

Unas lágrimas secas encontré en mi bolsillo.
Las miré durante un tiempo suficiente, para arrepentirme de haberlas recogido.
No debían estar aquí.
Pensé haberme deshecho de las lágrimas que realmente no merecían haber conocido el mundo.
Inofensivas e indefensas.
Derramadas demasiado tiempo y en vano.
En un paraíso extraño que aún no comprendían.
Trajeron de nuevo el miedo y la duda.
Las oportunidades de los errores repensados.
Y el riesgo de volver a equivocarnos.
Aunque las lágrimas secas se parten en trozos cuando salen de nuevo.
Ya nunca se llora igual cuando parecen oler el mismo plato.
De vez en cuando guardo las lágrimas, para encontrarlas en los bolsillos.
En otro momento.
Con otro humor.
Y otra fuerza.

Las miré durante un tiempo suficiente, decía.
Al arrepentirme hice lo correcto.
Las tiré por detrás de mis pasos.

No quisiera andar de nuevo por lágrimas quebradas.
Quizá en otro momento.
Con otro humor.
Y otra fuerza.

sábado, 21 de abril de 2012

El Humor y la Risa

La risa es terapéutica. La necesidad de reírse nos viene del sufrimiento y la tragedia.
Tres humoristas: Quique Macías, Juan Solo y Moncho Borrajo, hacen una reflexión sobre el arte de hacer reír.
Verónica Macedo, una payasa terapéutica, nos cuenta cómo es el trabajo de hacer reír y olvidar a un niño.

martes, 10 de abril de 2012

Body, Mind and Soul

No quiero hablar por mí. Le cedo la palabra a mi cuerpo.
Siempre he pensado que él hablaba mejor.
Desde pequeña he fruncido el ceño, ahora me da el sol, y se me quedan esas rayitas sin teñir.
También he saltado de rabia por no poder atarme los cordones como una niña normal.
He girado sobre mí misma si algo me gustaba.
Y he escupido lo que no.
He llorado para lo bueno, y para lo malo.
Sí, también he llorado con esas películas malas que tienes en tu cabeza.
Y con más cosas que no voy a reconocer.
He levantado la mano para reconocer mi sabiduría.
Y mi ignorancia también.
Cuando empecé a sentir amor, no me hizo falta verbalizarlo.
Cuando encontré en el baile una forma de expresión, me dejé la piel en el terreno. Literalmente.

Pero entonces dejé el cuerpo por la voz.
Empecé a cantar. El Blues en Jam Session en la ciudad noruega de Bergen, me llevaron al Gospel en Madrid.

Y de la canción, a la parte más sublime de la voz: la palabra.

He dejado al cuerpo encerrado en una pecera de radio.

Pero es tan impetuoso que está llevando más lejos de lo que yo pensaba las palabras, la voz.

Cuerpo, mente y alma. Empujan muy fuerte a las palabras. Que hablaron desde hace algunos años aquí, en este blog por encima del arcoiris.