Hoy es un día de esos es los que me he puesto unos tacones de los años 20, el maquillaje de los maquilladores, y unos bucles muy graciosos que se pelean por escapar en mis sienes.
Un día como esos no lo tengo todos los días.
Primero porque es el primer día que me he puesto como pretendiendo algo sin pretenderlo, y segundo porque si me lo hubiera pensado dos veces nunca habría dejado secar mi nuevo pelo capeado a la suerte del viento.
Pero hoy, debe ser por la primavera, me ha parecido apropiado que mi bolso no conjunte con los zapatos, que mis rizos parezcan despeinados, que mis labios sean naranjas, color que nunca uso, y que me haya puesto un abrigo de esos que me regala mi abuela en fin de año.
Y todo porque sí.
Porque el día ya empezaba gracioso. He despertado con un buen café, que se convierte en el ritual de mis mañanas. El cartero ha venido a traerme un libro que tenía muchas ganas de leer: W de Wikileaks, sobre el fenómeno de Julian Assange, hombre por el que me siento realmente atraída desde que dijo "disfruto machacando bastardos."
Después frente a todo pronóstico me he enfrentado a una entrevista en la que en vez de preguntarme más bien entrevistaba yo, y entonces he quedado descolocada para el resto de minutos en que le di vueltas.
Ahora aunque me siente, mis ojos no descansan, intentando hacer terrorífico un cartel de película, con tonos mostazas, como mi bolso y como dentro de unas horas, cuando tenga que irme corriendo con el mismo color por cielo y yo, con estos pelos.
martes, 22 de marzo de 2011
jueves, 10 de marzo de 2011
Algunas cosas que me irritan
La verdad es que puestas a ser quisquillosas yo hago mi función de mujer mejor que nadie. Hay muchas cosas de la sociedad que no aguanto, y me irritan de tal manera que no me soporto ni yo misma:
-Las mujeres que no moderan su maquillaje (hay números de todos como churros en una churrería, si no tienes la piel naranja por qué insisten algunas en forzar la naturaleza?)
-Otras mujeres que nunca quitan las etiquetas naranjas de los zapatos (por favor, quitadlas)
-La gente que no mira cuando mantiene una conversación (se necesita una pequeña señal de que me escuchas cuando hablo porque si quisiera hablarle a la pared no necesitaría pronunciar palabras en alto)
-Los que mucho prometen para quedar bien con los demás pero poca cosa está en sus manos (mejor callar que aparentar)
-Que la gente se haga la lista y confunda una bolsa de viaje con una bolsa para cámara de televisión y te diga por toda la cara "qué suerte te vas de vacaciones" con tonos irónicos que irritan el oído (un poquito de callarse antes de hablar de más)
-Que haya poca comunicación entre jefe y trabajador, porque al final cuando pasa algo, no se le puede echar la culpa a nadie.
-La gente que siempre sonríe (no me creo tu rollo asique córtalo cuanto antes)
-Que suspendan demandas de empleo solo porque cursamos un curso (seguimos en el paro y eso debe saberse, le hace flaco favor a la verdad y a los desempleados no aparecer en una lista tan triste como esa.
-Trabajos donde te ofrecen única y exclusivamente el gran servicio de aprender y mejorar día a día montando bases de datos y comiendo mierda por el módico precio de... ah, ninguno.
-Que este país esté cambiando tanto, imponiendo muchas leyes de golpe que lo único que hacen es invitar a saltárselas (o crear problemas nuevos)
-Hombres que siguen jugando cartas sucias, sin distinguir a una mujer inteligente de una tonta, y denotando que para poca inteligencia la suya. (y muchas risas para mí y mis amigas)
-Las mujeres que no moderan su maquillaje (hay números de todos como churros en una churrería, si no tienes la piel naranja por qué insisten algunas en forzar la naturaleza?)
-Otras mujeres que nunca quitan las etiquetas naranjas de los zapatos (por favor, quitadlas)
-La gente que no mira cuando mantiene una conversación (se necesita una pequeña señal de que me escuchas cuando hablo porque si quisiera hablarle a la pared no necesitaría pronunciar palabras en alto)
-Los que mucho prometen para quedar bien con los demás pero poca cosa está en sus manos (mejor callar que aparentar)
-Que la gente se haga la lista y confunda una bolsa de viaje con una bolsa para cámara de televisión y te diga por toda la cara "qué suerte te vas de vacaciones" con tonos irónicos que irritan el oído (un poquito de callarse antes de hablar de más)
-Que haya poca comunicación entre jefe y trabajador, porque al final cuando pasa algo, no se le puede echar la culpa a nadie.
-La gente que siempre sonríe (no me creo tu rollo asique córtalo cuanto antes)
-Que suspendan demandas de empleo solo porque cursamos un curso (seguimos en el paro y eso debe saberse, le hace flaco favor a la verdad y a los desempleados no aparecer en una lista tan triste como esa.
-Trabajos donde te ofrecen única y exclusivamente el gran servicio de aprender y mejorar día a día montando bases de datos y comiendo mierda por el módico precio de... ah, ninguno.
-Que este país esté cambiando tanto, imponiendo muchas leyes de golpe que lo único que hacen es invitar a saltárselas (o crear problemas nuevos)
-Hombres que siguen jugando cartas sucias, sin distinguir a una mujer inteligente de una tonta, y denotando que para poca inteligencia la suya. (y muchas risas para mí y mis amigas)
lunes, 7 de marzo de 2011
Melodía y acordes

He escuchado música desde que estaba en la tripa de mi madre.
Ahí dentro se oía como si alguien gritase desde el otro lado del patio de la casa.
Captando la atención de todo el que pasaba hasta llegar a mis oídos.
Desde ese mismo día supe que la música podía comprar sueños.
Podía hacernos andar la calle con mayor precisión.
Mirar hacia adelante con el camino ya trazado, sin ayuda del esencial Google Maps.
En mi caso la música me ha acompañado para todo. La he utilizado para conseguir mis metas.
Para sorprenderme a mí misma y descubrirme.
Probablemente lo mejor que ha podido hacer el hombre es mezclar melodía y acordes.
Con instrumentos infinitos, combinaciones inimaginables.
Las teclas de un piano como pisadas de alguien que se acerca.
Los violines desesperados y estremecedores.
Un serio bajo sentando las bases de un macabro plan.
Una batería espabilando al más dormido.
Un simpático saxo recitando las lecciones del día.
Una guitarra insistente sobre la importancia de avanzar hacia adelante.
Un Oh desgarrador de un cantante que avisa que el espectáculo va a comenzar.
Y podría seguir.
La música es el resultado de la actitud y los sueños de quien la ejecuta.
Nuestros gustos forman parte de nuestro estado de ánimo y nuestras intenciones momentáneas.
Yo he andado calles abajo, lloviendo, nevando, con sol aterrador, con viento, con mosquitos en la cara, los pies doloridos, con un frapuccino en mano o una maleta.
Rock, funk, folk, blues, pop, country, cualquier estilo musical podía penetrarme en los huesos si estaba bien hecho.
Y como pocas palabras pueden expresar el cometido de la música y la importancia de la misma en nuestros sentidos, utilizaré un clásico como Beethoven, un artista que encontraba la composición muy simple, su objetivo último era unir sentimiento humano, obra de arte y mensaje humanista en una sola partitura.
Ahí dentro se oía como si alguien gritase desde el otro lado del patio de la casa.
Captando la atención de todo el que pasaba hasta llegar a mis oídos.
Desde ese mismo día supe que la música podía comprar sueños.
Podía hacernos andar la calle con mayor precisión.
Mirar hacia adelante con el camino ya trazado, sin ayuda del esencial Google Maps.
En mi caso la música me ha acompañado para todo. La he utilizado para conseguir mis metas.
Para sorprenderme a mí misma y descubrirme.
Probablemente lo mejor que ha podido hacer el hombre es mezclar melodía y acordes.
Con instrumentos infinitos, combinaciones inimaginables.
Las teclas de un piano como pisadas de alguien que se acerca.
Los violines desesperados y estremecedores.
Un serio bajo sentando las bases de un macabro plan.
Una batería espabilando al más dormido.
Un simpático saxo recitando las lecciones del día.
Una guitarra insistente sobre la importancia de avanzar hacia adelante.
Un Oh desgarrador de un cantante que avisa que el espectáculo va a comenzar.
Y podría seguir.
La música es el resultado de la actitud y los sueños de quien la ejecuta.
Nuestros gustos forman parte de nuestro estado de ánimo y nuestras intenciones momentáneas.
Yo he andado calles abajo, lloviendo, nevando, con sol aterrador, con viento, con mosquitos en la cara, los pies doloridos, con un frapuccino en mano o una maleta.
Rock, funk, folk, blues, pop, country, cualquier estilo musical podía penetrarme en los huesos si estaba bien hecho.
Y como pocas palabras pueden expresar el cometido de la música y la importancia de la misma en nuestros sentidos, utilizaré un clásico como Beethoven, un artista que encontraba la composición muy simple, su objetivo último era unir sentimiento humano, obra de arte y mensaje humanista en una sola partitura.
Pueden estar seguros que quién busque esto al hacer música conseguirá que los que escuchemos, jamás podamos contradecirles.
Arriba la música.
Es un milagro.
lunes, 21 de febrero de 2011
Díganle al mundo
Díganle al mundo que me provoque una sonrisa.
Últimamente solo aprieto los dientes, frunzo el ceño y sollozo sin empeño.
Díganle que me estoy ahogando en cuatro paredes y el calor de la estufa.
Que le demuestre a mí rareza que vale aunque nadie se lo reconozca con dinero.
Que no ha perdido el tiempo leyendo aventuras.
Y que hay esperanza.
Porque ahora mezcla amargura con precaución, sosiego con nervios y sobre todo ya no sabe muy bien si tiene una función más allá del mero hecho de existir.
Y por favor díganle que nos informe, si la culpa es de una generación o de la ambición.
Porque mi generación está perdiendo su lucha y nisiquiera tiene banderas blancas.
Últimamente solo aprieto los dientes, frunzo el ceño y sollozo sin empeño.
Díganle que me estoy ahogando en cuatro paredes y el calor de la estufa.
Que le demuestre a mí rareza que vale aunque nadie se lo reconozca con dinero.
Que no ha perdido el tiempo leyendo aventuras.
Y que hay esperanza.
Porque ahora mezcla amargura con precaución, sosiego con nervios y sobre todo ya no sabe muy bien si tiene una función más allá del mero hecho de existir.
Y por favor díganle que nos informe, si la culpa es de una generación o de la ambición.
Porque mi generación está perdiendo su lucha y nisiquiera tiene banderas blancas.
sábado, 19 de febrero de 2011
Cibelinaje
La moda no deja de ser nunca un capricho para nuestros ojos. Un antojo esporádico de cambio, locura e ideas. Unos visten automaticamente, bien o mal, por su naturaleza ansiada pero otros son meticulosos, y nada es casual.
Un encaje, una flor, una volante. Todo parece estar ahí de manera natural y al mismo tiempo todo tiene su explicación.
Una explicación que hay que captar en cuestión de décimas de segundos. La esencia de la mujer y del hombre, la inspiración, las costuras, las telas, las caídas, los complementos. Hay que captarlo todo.
Yo iba con mis gafas blancas como un iceberg, absorviendo los detalles de los estilismos, de la pasarela, de todo lo que no se ve pero se capta y al mismo tiempo haciendo malabares con una cámara con un objetivo limitado, indignada por no encontrar el momento de comprarme la cámara que mi gusto por la visualización del mundo se merece.
Todo llegará. Mientras eso ocurra, siempre nos quedará la moda. En París, Madrid, o dondequiera que esté.
Foto: Ecuador del desfile de Roberto Verino. Cibeles Fashion Week Febrero 2011.
Una explicación que hay que captar en cuestión de décimas de segundos. La esencia de la mujer y del hombre, la inspiración, las costuras, las telas, las caídas, los complementos. Hay que captarlo todo.
Yo iba con mis gafas blancas como un iceberg, absorviendo los detalles de los estilismos, de la pasarela, de todo lo que no se ve pero se capta y al mismo tiempo haciendo malabares con una cámara con un objetivo limitado, indignada por no encontrar el momento de comprarme la cámara que mi gusto por la visualización del mundo se merece.
Todo llegará. Mientras eso ocurra, siempre nos quedará la moda. En París, Madrid, o dondequiera que esté.
Foto: Ecuador del desfile de Roberto Verino. Cibeles Fashion Week Febrero 2011.
martes, 8 de febrero de 2011
Entre los dedos
Entre los dedos se resbala la pasión que no recuerdo.
Te conquistó mi palabra, que se entremetía entre tus ojos y tus pensamientos. Mi voz, fina y profunda te ofrecía cumplidos que con miedo guardabas en tu memoria, para no echar de menos los escalofríos de las sábanas heladas durante el duro invierno.
Es difícil adivinar lo que ocurre en la cabeza de alguien pero si me permites la intromisión y una personal versión, yo creo que el frío miedo te supera.
No soy una experta, pero presumo de una intuición desgarradora, que me hace pensar que el amor se resiente, se corrompe con prejuicios, y se abandona la buena costumbre del tan equívocamente valorado Te Quiero que yo no tengo el placer de escuchar.
Me encantaría volver a ver a los verdaderos magos o ilusionistas, que hacen creer en lo imposible, que dan esperanza donde hay truco, y donde la sorpresa se escurre en sus dedos, hasta el sombrero de copa donde siempre vuelve a aparecer, al finalizar el espectáculo con una amplia sonrisa.
Me encantaría creer que la magia existe.
Te conquistó mi palabra, que se entremetía entre tus ojos y tus pensamientos. Mi voz, fina y profunda te ofrecía cumplidos que con miedo guardabas en tu memoria, para no echar de menos los escalofríos de las sábanas heladas durante el duro invierno.
Es difícil adivinar lo que ocurre en la cabeza de alguien pero si me permites la intromisión y una personal versión, yo creo que el frío miedo te supera.
No soy una experta, pero presumo de una intuición desgarradora, que me hace pensar que el amor se resiente, se corrompe con prejuicios, y se abandona la buena costumbre del tan equívocamente valorado Te Quiero que yo no tengo el placer de escuchar.
Me encantaría volver a ver a los verdaderos magos o ilusionistas, que hacen creer en lo imposible, que dan esperanza donde hay truco, y donde la sorpresa se escurre en sus dedos, hasta el sombrero de copa donde siempre vuelve a aparecer, al finalizar el espectáculo con una amplia sonrisa.
Me encantaría creer que la magia existe.
lunes, 24 de enero de 2011
Crear una mujer

La mujer de mi cabeza es de apariencia frágil hasta que pronuncia una palabra. Camina con paso seguro sin mirar hacia abajo. Una mujer que recoge la esencia de los momentos en todas sus experiencias. Una mujer que aprende constantemente a hacer todo mejor de lo que ya lo hace. Trabajadora. Provocadora. Excitante.
Su pelo ondea con el viento, en sincronía. Puede llevar una falda, unos pantalones, un talle alto o toda la atención en las caderas. Ya no enseña apenas su escote. Eso ha pasado a las princesas del pueblo. Ella es urbana. Y sabe cómo pisar en las rejillas del metro en el suelo.
Se desvive por todo lo que hace y le da igual despeinarse. Le influyen todas las décadas de la moda, mezcla lo griego con lo oriental, lo femenino con lo andrógino, juega a los contrastes.
Es una chica funcional y básica, aunque en las ocasiones especiales pretende ser la más estrambótica. Profundiza su mirada y milloniza las pestañas. Su carmín es rojo, en muchas ocasiones igual que los zapatos.
Confundirá a la gente cuando vean que su calzado no respeta ninguna línea. Cuando vean que su actitud y versátilidad es mucha más de la que cabía esperar.
Le encanta que la miren y que debajo del pie de foto, todos coincidan, brilla tanto que eres incapaz de ver con claridad quién es realmente.
Su pelo ondea con el viento, en sincronía. Puede llevar una falda, unos pantalones, un talle alto o toda la atención en las caderas. Ya no enseña apenas su escote. Eso ha pasado a las princesas del pueblo. Ella es urbana. Y sabe cómo pisar en las rejillas del metro en el suelo.
Se desvive por todo lo que hace y le da igual despeinarse. Le influyen todas las décadas de la moda, mezcla lo griego con lo oriental, lo femenino con lo andrógino, juega a los contrastes.
Es una chica funcional y básica, aunque en las ocasiones especiales pretende ser la más estrambótica. Profundiza su mirada y milloniza las pestañas. Su carmín es rojo, en muchas ocasiones igual que los zapatos.
Confundirá a la gente cuando vean que su calzado no respeta ninguna línea. Cuando vean que su actitud y versátilidad es mucha más de la que cabía esperar.
Le encanta que la miren y que debajo del pie de foto, todos coincidan, brilla tanto que eres incapaz de ver con claridad quién es realmente.
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