Un día, se declara el fin del mundo. El desastre. Los días ya no se viven con libertad, las noches no se duermen profundas. Un día el mundo te arrebata todo. El primer día que ocurrió parecía un desastre con esperanza a ser controlado. Hoy está llegando a un punto en que ni siquiera los vivos parecen ser normales. La demencia se pasea con los días, desesperada y sin control.
Los seres humanos resucitan en forma de zombies, pero se llevan todo lo que un día fueron. Y lo más sorprendente es que toda esa catástrofe resulta no servir para nada. Cuando no queden humanos que puedan comer, se desesperarán y tendrán su segunda muerte anunciada, y el mundo quedará desierto, quejándose del cambio climático a nadie y recuperando sus pulmones, para vivir por fin en paz. Quizá es un apocalipsis un poco fantástico, pero la realidad tiene un trasfondo muy parecido al mundo zombie.
Los hombres matan a hombres. Y de manera más o menos valiente, todo el mundo espera para morir.
Nunca olvidaré aquella frase que dijo una vez Coco Chanel: "Las modas pasan, el estilo permanece."
He intentado explicar por activa y por pasiva que el estilo siempre está ahí aunque vayamos sin ropa. Mis mujeres solo tienen sus pies para asomar su estilo. Aparentemente solo tienen eso. Porque tienen su pelo, sus ojos, sus gestos, sus andares y sus palabras. Pero claro, son demasiadas cosas como para plasmarlas en un papel y con dudosa calidad técnica en el dibujo.
"Las mujeres necias siguen la moda, las pretenciosas la exageran; pero las mujeres de buen gusto pactan con ella.Gabrielle de Breteuil, matemática francesa, se reafirmaba constantemente, atacando a las metódicas de la moda, y a las Lady Gagas aún por conocer.
Una cosa estaba clara: "Si alguien se vuelve para mirar tu traje, es que no vas bien vestido." Lo decía un tal George Bryan Brummel, dandy inglés, y como dandy, tenía todo el derecho a decirlo. La discreción era su fuerte. Y en esa discreción había una elegancia abrumadora.
Oscar Wilde decía que era peligroso ser demasiado moderno, se corre el riesgo de convertirse en anticuado, porque la moda pasa de moda, y hoy nos reímos de la moda de ayer, pero nos emocionamos con la de antes de ayer, cuando está en vía de convertirse en la de mañana.
Y Wilde seguía diciendo que la moda era siempre un esperpento tal que nos vemos obligados a cambiarla cada seis meses. Creo que tiene razón y al mismo tiempo se la quito. Es verdad para algunos, para otros es un simple afán de crear. Además, hoy en día no se crea nada nuevo sino modificado, que no es si remotamente lo mismo.
El escritor italiano Pitigrilli decía que "la moda es la pugna entre el instinto natural de vestirse y el instinto natural de desnudarse”. Y eso actualmente viene mucho al caso con la nueva exposición de Mario Testino en el museo Thyssen de Madrid.
La moda pasó de ser una necesidad a ser una vanidad. Algunos filósofos consideraban la moda como el impuesto que la industria del pobre carga sobre la vanidad del rico.
Y no hay que olvidar que ante todo la moda nació para vestir a todos los colectivos con las famosas siluetas de Dior. Tal y como le dijo Giani Versace a Giorgio Armani: "Tú vistes a señoras, yo a prostitutas."
Ahora empiezo a entender mejor la frase de "pagan justos por pecadores". La vida se mueve constantemente alrededor de eso.
Las pasadas compañías marcan tu futuro, las actuales desafían tu personalidad, y la gente tan voluble e ignorante, juzgarán por lo único que ven pero no conocen. Aquello que oyen pero no saben.
No se les puede culpar. Pero deja la misma sensación de impotencia y desatino, decepción y apatía que existía antes. La gente seguirá yendo a los únicos sitios donde puede decir lo que piensa y estén de acuerdo. Pero nunca desafiarán a las personalidades que se suban a la chepa, o las voces que hablen más alto, más claro, o más veraz que ellos. Preferirán no existir. Como los mítines privados de políticos de partido a seguidores del mismo.
La triste realidad se alza más transparente que nunca, somos hormigas, unas negras y otras rojas, y caminamos en línea recta, unos orgullosos y otros cargando nuestra comida, aguantando algún que otro reproche, y algunas duras críticas, picantes como guindillas.
Los representantes de la gente "importante" surgieron para defenderse de los ataques, para no aguantar todo en primera persona, para apaciguar las aguas del mar con tormenta, o para mover las nubes donde el cielo es suave y mejor.
Por necesidad, además, los representantes se parecerán a sus representados, víctimas de pasar tiempo con ellos, reflejo de la personalidad de su representado, para que los que llamamos, sepamos enseguida, si nos merece la pena que nos traten mal, sólo porque no supieron defenderse en el pasado.
Pagan justos por pecadores, porque los representantes y representados, nunca entenderán la cultura de la necesidad, el protocolo y la división del mundo, el de las hormigas rojas y negras, el de las guindillas rojas y amarillas, el de la cultura y el cultureta.
Cada uno en su nido, sin casarse con los que no son de su condición. Suena al s. XIV disculpen que les diga. Tremendamente desfasado.
Suena un saxo bajo con rabia y furia, unas teclas apresuradas recorren un camino saltando obstaculos de cuerdas de guitarra, y alguien grita NO NO LA LA UO UO UO, con suficiente fuerza para estallar el tímpano.
Nadie escucha. La canción pide permiso y nadie escucha. El amor pide permiso y nadie escucha. Can I love both of your hands? - pregunta. Cada vez más fuerte. Impasible. Puedo amar ambas manos? PUEDO O NO.
No, no, no... no, no... uo uo uo... Y la voz se pierde sin aliento a un fondo oscuro de aullidos y sufrimiento.
Y nunca se supo si la canción comenzó de nuevo, o se perdió, por no ser bien escuchada. Como un saxo perdido entre la gente y sus lamentos ruidosos.
Nada tienen que ver las 3 cocacolas del día. Nada tiene que ver una tarde ajetreada. Ni tan siquiera diría que es por Muse o Joe Purdy que aportan las notas de esta noche, ni tampoco el estremecedor Oh Happy Day de mayo. No busco culpables. Mi insomnio crónico se explica en su intermitencia, en su capricho de presentarse porque sí, el mejor motivo de los que no tienen excusa.
El insomnio me repasa el miércoles. Me recuerda la mañana nublada en la que casi toda de negro me paseaba con cierto viento en la sombra y cierto calor al sol, evitando tentaciones calóricas antes de comer, disfrutando de un filete tierno y llantos provocados por historias ajenas.
Más tarde, el poco augurio de la profesión, la decisión entre la espada y la pared, un poco con mirada perdida, repitiendo un viaje que no hacía en mucho tiempo, cantando y repasando por el camino, recordando por qué hago algunas cosas a contrarreloj.
La noche seguía hablando mucho, gesticulando en exceso y contando historias divertidas hoy, pasando más tiempo con gente nueva que me interesa conocer, animada, evitando proposiciones indecentes y estableciendo un último contacto con una pequeña pero matona parte del comité de sabias, las de la foto, luchando contra nuestro tranquilo insomnio.
He vuelto a poner el cronómetro a cero. He dejado atrás mis merecidas vacaciones, pagadas con mi pasada avaricia, carriles bici y gotas finas de lluvia horizontal, arena blanca y el azul del cielo reflejado en el mar. Ahora la nueva realidad, por cuarta vez se presenta, llamando a la puerta y tumbada en un sofá, esperando a que alguien le recoja y le lleve a otro lugar donde al menos sea bienvenida. La inseguridad y la incertidumbre, dos malas sensaciones para el periodista, se apoderan de mí. No sé dónde irán las pretensiones cuando hayan esperado demasiado, sintiéndose plantadas y decepcionadas por un mundo que funciona distinto a su alrededor. Me defrauda la manera en que el tiempo pasa, mientras los justos siguen pagando, y los pecadores se ríen a carcajadas montando un circo de alguien que no son, pero de tanto repetirlo en eso se convierten. Yo no quiero trabajar en el circo. No quiero pagar. Quiero modificar el tiempo, encontrarme en el momento justo, a la hora exacta, y entonces, detener el tiempo. Quizá sea la hora de acabar con la realidad. Quizá la hora de mis sueños infantiles, los mutantes.